Narrativa del paisaje
En la Vereda La Esperanza del municipio de Santa María, a 1.286 metros sobre el nivel del mar, el suelo que cubre las faldas de una vertiente rocosa no llega a los 20 centímetros antes de tocar mármol. Veinte centímetros. Debajo, la roca blanca y cristalina que millones de años de metamorfismo convirtieron en carbonato de calcio puro. Encima, uno de los horizontes más oscuros y orgánicamente ricos de los 21 perfiles del inventario: el epipedón mólico , negro como el ébano (color Munsell 10YR 2/1), cargado con 4.80% de materia orgánica, saturado en bases de intercambio, la firma inconfundible de un Molisol. En ese contraste entre la oscuridad del suelo y la blancura del sustrato rocoso que lo sostiene hay toda una historia de acumulación lenta y destrucción acelerada.
El mármol como roca madre es, en el Huila, un caso prácticamente único en esta colección. Los minerales que lo caracterizan, diópsido (piroxeno de origen metamórfico), cloritas, flogopita, epidota, zoisita y hasta yeso en la fracción arena, son la herencia cristalográfica de sedimentos carbonatados que soportaron temperaturas y presiones extraordinarias en profundidad. Cuando ese mármol se meteoriza lentamente en la superficie, los carbonatos aportan calcio en abundancia (12.10 cmol+/kg, el valor más alto de la colección en ese parámetro hasta ahora), y es ese calcio el que satura las bases del horizonte y permite que la materia orgánica se acumule en lugar de oxidarse. La mineralogía de arcillas también es singular: caolinita (36%), esmectitas (29%) y cloritas (25%) en proporciones que no se repiten en ningún otro perfil de la colección, más pirofilita (8%), un filosilicato diagnóstico de metamorfismo de bajo grado que confirma el origen de la roca madre.
El suelo tarda décadas en ganar un centímetro. La explotación artesanal de mármol lo destruye en horas. El Dr. Armando Torrente Trujillo describió este perfil el 25 de agosto de 2007 con el frente de extracción ya visible a 20 centímetros de profundidad: el horizonte Cr es directamente la roca en proceso de extracción, no un material de transición pedológica. La erosión, el documento lo consigna, supera a la pedogénesis , se destruye suelo más rápido de lo que se forma. La vegetación que subsiste es escasa: pastos naturales, arbustos de bajo porte, el mantillo de raíces y fibras que es el último intento del ecosistema por retener lo que queda.
Documentar este perfil es registrar la colisión entre una formación geológica de valor industrial y el suelo que esa misma roca sostiene en su superficie. El Molisol de La Esperanza es el más vulnerable de la colección: tiene menos suelo que cualquier otro, sobre una roca que el mercado desea y extrae sin detenerse. Lo que tarda en formarse un epipedón mólico sobre mármol en el clima templado de los 1.286 metros del Huila no tiene equivalente en ninguna escala de tiempo humana.