Narrativa del paisaje
A 478 metros de altitud, en la terraza aluvial de Palermo donde el Distrito Juncal lleva décadas extrayendo petróleo del subsuelo, el suelo cuenta otra historia: la de un perfil que ha sido interrumpido. La calicata del Dr. Armando Torrente Trujillo, abierta el 26 de agosto de 2007, no encontró un suelo en su estado natural sino uno con la memoria borrada a medias, pedoturbado, truncado, con estratos removidos por la maquinaria pesada que prepara superficies para la infraestructura petrolera. El documento lo registra con precisión: “movimientos de tierra y conformación de superficies”, “discontinuidad litológica”, “pedoturbación”. Este perfil no es solo una muestra de suelo; es un documento forense de la presión industrial sobre el paisaje del Magdalena medio.
El suelo original, antes de la intervención, era un Entisol típico de las terrazas aluviales de Palermo: joven, pobre en materia orgánica (apenas 0.48% en superficie), con escasos 25 centímetros de perfil aprovechable antes de topar con cascajo y grava heterométrica. La mineralogía de arenas revela su origen: cuarzo (52%) dominante, pero con una firma volcánica inequívoca, feldespatos zonados (31%), hornblenda (6%) y lamprobolita (2%), esta última una variedad de anfíbol exclusiva de origen volcánico que delata los aportes del macizo andino al material transportado por el río Magdalena y sus afluentes a lo largo del Pleistoceno. Es el suelo más “joven” en términos mineralógicos de los tres perfiles de Palermo tomados ese mismo día, y el que menos tiempo ha tenido para evolucionar.
Lo que desconcierta en los datos de laboratorio es el horizonte Bt: debajo de los 70 centímetros, el fósforo disponible salta de 0.10 ppm (en el horizonte C) a 102.94 ppm, un incremento de mil veces que ningún proceso pedológico natural explica en un Entisol. La discontinuidad litológica mencionada en el documento y los movimientos de tierra registrados en campo son la explicación más probable: ese horizonte Bt podría ser material de otro origen que fue colocado o descubierto por la remoción mecánica, no un horizonte genético desarrollado in situ. Es una anomalía que el museo documenta sin resolver, porque la honestidad científica exige reconocer lo que el suelo todavía no nos ha dicho.
En el contexto de los 21 perfiles de la colección, el Juncal ocupa un lugar incómodo y necesario: es el único perfil donde la actividad extractiva es el factor perturbador central. Documentar este suelo es tomar posición sobre algo que el Huila enfrenta en muchas de sus terrazas, la tensión entre el uso agrícola, la ganadería extensiva y la expansión de la infraestructura petrolera sobre los mismos suelos aluviales que alimentan al valle. El Dr. Torrente Trujillo lo registró antes de que la transformación fuera completa. Ese registro tiene hoy un valor que en 2007 aún no era evidente.