Museo Virtual de Suelos del Huila CENIGAA
Inceptisol publicado

Inceptisoles del piedemonte de Vereda Mirador, Tarqui

Fluventic Dystropepts

Fotografía en proceso de digitalización

Las fotos del perfil y del paisaje serán incorporadas próximamente.

Ficha técnica

Identidad

ID
perfil-0014
Orden taxonómico
Inceptisol
Subgrupo
Fluventic Dystropepts

Geografía

Municipio
Tarqui
Vereda / sector
Mirador
Altitud
825 m s. n. m.
Coordenadas
2.136°, -75.8406°
Geomorfología
Piedemonte, abanico ligeramente disectado, terraza

Colección

Colector
Dr. Armando Torrente Trujillo
Fecha
2007-11-15
Roca madre
Aluviones y arcillolitas
Uso actual
Cacao clonado y plátano

Horizontes

Designación Profundidad (cm) Color Munsell Textura Estructura
Ah 0–25 10YR 3/3 Franco Arcillosa Granular fina, grado débil
Bt 25–55 10YR 4/2 Arcillosa Granular migajosa media, grado débil
Cs 55–150 10YR 4/2 Arcillo Arenosa Bloques angulares y subangulares medianos, grado débil

Narrativa del paisaje

En la Finca La Virginia de la Vereda Mirador, en el municipio de Tarqui, el suelo cuenta la historia de un abanico aluvial en formación permanente: capas de arcillolitas y aluviones que se superponen sin llegar a soldarse del todo, sin tiempo para desarrollar un perfil mineral maduro. Los Inceptisoles —el orden que cierra el inventario de los ocho presentes en el Huila— son los adolescentes de la taxonomía de suelos: más evolucionados que los Entisoles que no tienen ningún horizonte, pero sin la madurez de los Alfisoles o Ultisoles que han acumulado y redistribuido arcilla durante milenios. Lo que define al Inceptisol de Tarqui es su horizonte cámbico: una zona de alteración incipiente en la que el color cambia, la textura se modifica, pero la estructura todavía no ha madurado hasta el punto de generar argilanes o plintita.

El horizonte Ah (0–25 cm) es oscuro (10YR 3/3 en húmedo) con materia orgánica del 2.21% y una capacidad de intercambio catiónico de 25.18 cmol+/kg —notable para un Inceptisol de piedemonte. Pero la saturación de bases en ese horizonte es apenas el 7.86%: las bases han sido lavadas por el régimen hídrico údico y quedan atrapadas en profundidad, donde el Bt tiene 77.44%. Es la misma paradoja que se repite en varios perfiles del piedemonte del Huila: riqueza química enterrada donde las raíces no llegan fácilmente. El cacao y el plátano que crecen aquí son cultivos adaptados a esta asimetría — tienen sistemas radiculares que exploran los primeros 55 cm antes de topar con el horizonte Cs anegado por el nivel freático a 85 cm de profundidad.

La mineralogía revela una herencia volcánica clara. El vidrio volcánico (4% de la fracción arena) y los feldespatos (11%) en proceso de alteración —aspecto anubarrado, hábito prismático tabular— son aportes del Macizo Colombiano transportados por los aluviones del río La Plata y sus tributarios. En la fracción arcilla dominan las esmectitas (48%) — las arcillas expansivas que en húmedo absorben agua y se hinchan, y en seco se contraen y agrietan. Con casi la mitad de la arcilla siendo esmectita, este suelo tiene un comportamiento de alta actividad —volátil en su consistencia, con grietas verticales en verano y plasticidad extrema en invierno. El 33% de caolinita aporta estabilidad, pero la esmectita domina el carácter.

El horizonte Cs (55 cm en adelante) cuenta la historia del agua: manchas rojizas de hierro oxidado (10YR 5/6) sobre una matriz gris (10YR 4/2) son el registro del movimiento estacional del nivel freático — en sequía el hierro se oxida y precipita en rojo; en lluvia se reduce y migra. Este proceso de óxido-reducción cíclica es lo que el Dr. Armando Torrente Trujillo registró en noviembre de 2007: el suelo en su estado de inicio de lluvias, con el nivel freático acercándose a los 85 cm. El cacao lo tolera. Muchos otros cultivos, no.

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