Narrativa del paisaje
En la Granja La Angostura del SENA a orillas del Río Neiva, a 496 metros sobre el nivel del mar, el suelo guarda una cápsula del tiempo a 21 centímetros de profundidad. El horizonte Ab —“b” de buried, enterrado— es una antigua superficie de suelo que el río cubrió con una nueva capa de sedimentos en algún momento del pasado, sellando su materia orgánica como quien cierra un libro a la mitad. Ese horizonte sepultado tiene hoy 3.52% de materia orgánica — más que el horizonte superficial actual (3.14%) — y una acumulación irregular de carbono que es precisamente lo que define taxonómicamente a este Ustifluvent: un Entisol nacido de las inundaciones del Río Neiva, donde la historia de depósitos sucesivos queda escrita en capas de distinto color y composición.
La secuencia de cuatro horizontes de este perfil es un registro estratigráfico más que pedológico. El Ap (0–21 cm) es la capa laboreada por el arado de los cultivos del SENA — “p” de ploughed, perturbada — con pardo oscuro (10YR 3/3) y estructura de bloques angulares que la labranza ha construido artificialmente. Debajo, el Ab (21–49 cm) es ese suelo antiguo de pardo grisáceo oscuro (10YR 4/2) con límite abrupto y plano hacia el AC: el momento preciso en que el río tapó lo que existía. El AC (49–64 cm) es ya material de transición, arenoso y suelto, sin estructura que lo organice. Y desde los 64 cm hacia abajo, el C es arena gruesa con gravas — la competencia bruta del río antes de que cualquier pedogénesis comenzara.
Lo que el laboratorio confirma tiene valor agronómico directo: fósforo disponible alto (58.26 ppm en Ap, el segundo mayor de la colección después del perfil-0005 del Juncal), pH próximo a la neutralidad (6.1–6.9 en todo el perfil), y materia orgánica que el documento atribuye a la rotación permanente de cultivos y a la incorporación de residuos de cosecha. El arroz bajo riego ocupa el 53% del área sembrada del municipio de Campoalegre; el tabaco, la soya, el maíz y el sorgo comparten el resto. Esta presión de uso intensivo sostenido es lo que hace frágil un suelo que en su origen es un regalo del río: fértil, plano, accesible, pero con apenas 64 cm de perfil útil antes de llegar a la arena gruesa que no retiene ni agua ni nutrientes.
Los Fluvents del Río Neiva son el eslabón entre la montaña y el valle: reciben lo que la erosión arranca de las cabeceras y lo redistribuyen en las terrazas donde el Huila produce sus alimentos. Documentar este perfil en agosto de 2007 fue registrar un suelo en plena producción, sano todavía dentro de sus limitaciones. La pregunta que el museo plantea es cuánto de ese capital de materia orgánica queda después de décadas de monocultivo intensivo.