Museo Virtual de Suelos del Huila CENIGAA
Entisol publicado

Entisoles de terraza aluvial del Magdalena, Palermo

Aridic Lithic Ustorthents

Fotografía en proceso de digitalización

Las fotos del perfil y del paisaje serán incorporadas próximamente.

Ficha técnica

Identidad

ID
perfil-0003
Orden taxonómico
Entisol
Subgrupo
Aridic Lithic Ustorthents

Geografía

Municipio
Palermo
Altitud
485 m s. n. m.
Coordenadas
2.8928°, -75.3088°
Geomorfología
Terraza río Magdalena, plano a semiplano

Colección

Colector
Dr. Armando Torrente Trujillo / José T. Pichott
Fecha
2007-08-26
Roca madre
Roca sedimentaria, sedimentos aluviales
Uso actual
Tamo de arroz y rastrojo intensivo

Horizontes

Designación Profundidad (cm) Color Munsell Textura Estructura
AP 0–18 5YR 3/4 Franco Arcillosa Sin estructura (masiva)
Cm 18–40 7.5YR 3/4 Franco Arenosa Sin estructura (cementada con sílice)
Rmk 40–100 10YR 5/4 n/d Concreción calcárea masiva

Narrativa del paisaje

En las terrazas planas del río Magdalena que atraviesan el municipio de Palermo a 485 metros de altitud, el suelo casi no existe. No en el sentido agronómico de la palabra: el perfil tiene apenas 18 centímetros de epipedón antes de tocar una capa cementada con sílice, y a los 40 centímetros ya es concreción calcárea pura, dura como roca. Este es un Entisol —el orden más joven en la taxonomía de suelos— un perfil que no ha tenido tiempo, ni las condiciones, para evolucionar. El material que lo forma son sedimentos aluviales depositados por el Magdalena, mineralmente jóvenes, dominados por feldespatos (58% de la fracción arena) y hornblenda (20%), con apenas un 10% de cuarzo. Un suelo que todavía recuerda el río que lo trajo.

La lámina de tierra aprovechable es tan delgada que las raíces de la mayoría de cultivos no caben. Los feldespatos y la hornblenda aportan minerales frescos pero en cantidades insuficientes para sostener una agricultura exigente: el fósforo disponible es extremadamente bajo (1.40 ppm en superficie), el potasio escaso, y la materia orgánica no alcanza el 1.5%. Sin embargo, los agricultores de esta terraza llevan décadas sembrando arroz —la única opción que se adapta a la escasa profundidad, al drenaje imperfecto y a la estructura masiva del subsuelo. El arroz no prospera aquí porque el suelo sea bueno; prospera porque es el único cultivo dispuesto a competir con esas restricciones.

Lo que hace singular a este perfil en el inventario CENIGAA es su horizonte diagnóstico: el Rmk, una concreción calcárea que los geólogos identifican como Harpand —una capa cementada a menos de medio metro de profundidad que registra, en su mineralogía de hierro y manganeso, múltiples episodios de inundación y secado a lo largo del Pleistoceno. Leer este horizonte es leer la historia hídrica del valle del Magdalena. La arcilla dominante en el perfil es la caolinita (57%), con presencia de esmectitas (vermiculita, 20%), cristobalita (12%) e interestratificados de tipo illito-vermiculítico: una mineralogía que refleja meteorización química moderada y explica la capacidad de intercambio catiónico media a baja que reporta el laboratorio.

La amenaza sobre estos suelos no es nueva, pero se acelera. La intensidad del cultivo de arroz bajo riego en el valle del Magdalena ejerce presión sobre la escasa capa productiva y sobre la tabla de agua. A medida que el cambio climático alarga los periodos secos en el Huila, la tensión entre el uso agrícola y la fragilidad de estas terrazas se vuelve más aguda. Documentar este perfil —tomado en la Granja de la Universidad Surcolombiana en agosto de 2007 por el Dr. Armando Torrente Trujillo y José T. Pichott— es fijar un punto de referencia antes de que la transformación borre la línea de partida.

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